Cuando la herida empezó a hacer preguntas
Durante mucho tiempo pensé que lo ocurrido era solo una experiencia dolorosa que debía aprender a superar. Una historia más dentro de mi vida laboral. Algo que, con suficiente tiempo, podría guardar en una caja, colocar en algún rincón de la memoria y seguir adelante. Pero algunas heridas no desaparecen cuando dejamos de hablar de ellas. Algunas se quedan ahí porque todavía tienen algo que enseñarnos. Y después de sentir la tristeza, la frustración, la preocupación y la rabia, apareció otra emoción. La incredulidad. ¿Cómo podía algo así ocurrir en un ambiente lleno de adultos, profesionales y personas que aseguraban actuar desde la madurez? ¿Cómo podía una empresa hablar de valores, liderazgo y respeto mientras, en la práctica, permitía alianzas silenciosas, apropiación de méritos, decisiones sin responsabilidad y protección entre jerarquías? La pregunta dejó de ser solamente: ¿Por qué me hicieron esto? Y empezó a convertirse en algo mucho más grande: ¿Qué estructura permitió que esto ...
